Carta abierta al Consejo Académico de la Universidad Industrial de Santander, Colombia, sobre políticas estratégicas para la docencia e investigación con IA

A continuación comparto una carta abierta, enviada al Consejo Académico de la Universidad Industrial de Santander el 15 de septiembre, que fue desestimada con una lacónica y, para mí, irresponsable respuesta: «quedamos informados».

From: SECRETARIA GENERAL UIS SECRETARIA 2 <secgral2@uis.edu.co>
Subject: Decisión Consejo Académico
Date: 7 October 2026 at 10:29:07 AM GMT-5
To: LUIS ALBERTO NUNEZ DE VIL MARTINEZ <lnunez@uis.edu.co>

1150
Bucaramanga
Profesor
LUIS ALBERTO NUÑÉZ
Universidad Industrial de Santander

Respetado profesor Nuñéz:
En ejercicio de las funciones conferidas por el parágrafo del artículo 36 del Estatuto General de la Universidad Industrial de Santander, me permito comunicarle que el Consejo Académico, en sesión realizada el 6 de octubre de 2026, conoció su comunicación relacionada con las políticas estratégicas para la docencia e investigación con inteligencia artificial y se dio por informado de su contenido.

Cordial saludo.

 

Estimados colegas miembros del Consejo Académico.

El domingo 13 de septiembre, el Comité ad hoc del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) sobre el uso de la IA en la enseñanza, el aprendizaje y la formación en investigación publicó un documento con los lineamientos que la institución seguirá para adaptarse a los tiempos actuales. El documento lo encuentran en https://aiandeducation.mit.edu/report/ .  Quisiera invitarlos a considerar este reporte, que, a mi juicio, plantea una discusión que la Universidad Industrial de Santander debería abordar con cierta urgencia.

El interés del informe no radica simplemente en que una universidad como el MIT haya decidido incorporar herramientas de inteligencia artificial a sus cursos. Su conclusión es mucho más profunda: la aparición de sistemas capaces de resolver problemas, escribir programas, producir textos, analizar información y responder de manera competente a una parte importante de las actividades académicas tradicionales obliga a las universidades a reconsiderar qué enseñamos, cómo enseñamos y, sobre todo, cómo verificamos que nuestros estudiantes realmente aprenden.

El informe, detallado y profundo, señala que no basta con hacer nuestros cursos “a prueba de IA”, ni resulta razonable limitar la respuesta institucional a prohibir o permitir estas herramientas. Propone revisar los objetivos de aprendizaje de cada asignatura, reconsiderar las formas tradicionales de evaluación, fortalecer el aprendizaje experimental y basado en proyectos, recuperar espacios de interacción entre profesores y estudiantes y enseñar explícitamente cuándo, cómo y para qué resulta apropiado utilizar la IA. También insiste en que cada curso debe establecer reglas claras y justificadas para su uso.

Hay, sin embargo, otro aspecto del documento que considero especialmente relevante para nuestra Universidad: esta transformación no puede dejarse exclusivamente a la iniciativa individual de los profesores. Hasta donde alcanzo a conocer, en la UIS existen profesores y grupos que están experimentando activamente con estas herramientas y reflexionando sobre sus implicaciones para la docencia y la investigación. Sin embargo, todavía no contamos con una estrategia institucional suficientemente visible que oriente a docentes y estudiantes sobre cómo debe transformarse nuestra actividad académica frente a la IA, ni con un programa sistemático de capacitación docente para afrontar estos cambios.

El MIT reconoce explícitamente que pedir a cada profesor que rediseñe individualmente sus cursos resulta poco realista. Por ello propone recursos institucionales: responsables de IA en las unidades académicas, equipos especializados que apoyen el rediseño de cursos, formación permanente de profesores, comunidades de práctica, fondos para experiencias piloto, apoyo de auxiliares docentes y acceso institucional y equitativo a herramientas de IA.

Creo que sería oportuno preguntarnos si la UIS no debería comenzar a elaborar una respuesta semejante, adaptada, naturalmente, a nuestra realidad como universidad pública colombiana. No se trata de copiar al MIT ni de adoptar acríticamente las tecnologías desarrolladas por grandes empresas. Precisamente por nuestra misión como institución pública, debemos discutir también aspectos como la equidad de acceso, la privacidad de los datos, la propiedad intelectual, la dependencia tecnológica, los sesgos, los costos y los efectos de la IA en la formación crítica de nuestros estudiantes.

En ese sentido, me permito sugerir que nuestra Universidad considere iniciar, al menos, las siguientes acciones:

  1. Conformar un grupo institucional sobre IA, educación e investigación, con la participación de profesores, estudiantes y expertos de distintas disciplinas, que pueda presentar recomendaciones al Consejo Académico.
  2. Realizar un diagnóstico del uso actual de la IA en la UIS, tanto por estudiantes como por profesores, y de sus efectos en las prácticas de enseñanza y evaluación.
  3. Establecer un programa permanente de formación docente en IA que vaya más allá del manejo instrumental de ChatGPT y otras plataformas y aborde el diseño de cursos, la evaluación, la investigación, la ética, la privacidad y nuevas estrategias pedagógicas.
  4. Crear una convocatoria o un fondo institucional para el rediseño de asignaturas y experiencias piloto, que proporcione tiempo, apoyo técnico, estudiantes auxiliares y acceso a las herramientas necesarias.
  5. Desarrollar orientaciones institucionales para el uso de IA en los cursos, permitiendo que cada disciplina y cada profesor establezcan políticas distintas, pero exigiendo que estas sean explícitas, comprensibles y vinculadas a los objetivos de aprendizaje.
  6. Garantizar un acceso equitativo a herramientas de IA, evitando que la capacidad de aprovecharlas académicamente dependa exclusivamente de que profesores o estudiantes puedan pagar suscripciones individuales.Esto último implica reconocer que la adaptación a la inteligencia artificial requerirá inversión. Será necesario destinar recursos a la capacitación, las licencias y los servicios computacionales, el apoyo pedagógico y tecnológico, la experimentación curricular y la evaluación de resultados. Si consideramos que la IA modificará profundamente la manera de estudiar, investigar y ejercer profesionalmente en los próximos años, esta inversión debería entenderse como parte de la infraestructura académica de la Universidad y no como un gasto accesorio en tecnología.

    La pregunta ya no es si nuestros estudiantes utilizarán inteligencia artificial: ya la están utilizando. Tampoco es si la IA tendrá efectos positivos o negativos sobre la educación: tendrá ambos. La responsabilidad de la Universidad consiste precisamente en crear las condiciones para potenciar los primeros y reducir los segundos. Considero que este puede ser un momento especialmente propicio para que la UIS abra una amplia discusión institucional sobre el tema. Las iniciativas individuales que ya existen pueden aportar experiencias y servir de punto de partida, pero necesitan integrarse en una visión universitaria compartida.

    Por ello, quisiera invitar al Consejo Académico y a las directivas de la Universidad a considerar la creación de un espacio institucional de discusión y, posteriormente, de un plan de acción sobre IA, docencia, aprendizaje e investigación en la UIS, acompañado desde el comienzo de los recursos necesarios para hacerlo viable.

    Desde el Consejo de Facultad de Ciencias, hace un par de años, hemos estado preocupados por este silencio institucional ante el impacto creciente de la IA en la formación de nuestros estudiantes y docentes. Por fin, en 2026, con el apoyo de la VIE, estamos organizando un evento internacional para discutir el impacto de la IA en la generación de conocimiento y la formación de investigadores :https://conflab.redclara.net/e/IAenCiencias  Hay que decir que este evento fue propuesto desde el Consejo de Facultad a la VIE para ser realizado en el 2025 y, desde el Consejo Académico, se negó. Afortunadamente, este año fue diferente.

    Insisto en que, más que en iniciativas puntuales y conferencias genéricas, debemos enfrentar el problema que ya tenemos. Lo que está en juego no es simplemente la adopción de una nueva herramienta tecnológica, sino la manera en que entendemos la formación universitaria en los próximos años.

    Sin otro particular, quedo de Uds.

    Atentamente
    Luis A. Núñez
    Profesor Titular de Carrera
    Escuela de Física
    Universidad Industrial de Santander
    Representante profesoral ante el Consejo de Facultad de Ciencias

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