ISAAC NEWTON Y LA PANDEMIA

 

 

Grandes temores de que la enfermedad se apodere de la ciudad…cuán vacías y melancólicas están las calles…la enfermedad está muy cerca de mí”

Estamos finalizando la primavera de 1665 y la peste negra que años antes había devastado Sevilla, Milán y otras ciudades de Europa, asomaba su horrible rostro en la dársena de Londres.

A los pocos meses el calor del verano, las horribles condiciones sanitarias, la incomprensión de qué causaba la enfermedad, habría de cobrar decenas de miles de víctimas. Los cadáveres amontonados en las calles, las fosas comunes, las puertas marcadas con una cruz y el pánico de los habitantes, se hicieron parte del paisaje. Era la peste bubónica. La bacteria Yersinia Pestis, -eso se supo dos siglos después-era inoculada por las pulgas de las ratas y causaba altas fiebres, temblores, vómitos, intensos dolores, manchas negras, bubas o inflamación de los ganglios, sangramientos y rápidamente la muerte. Eran los coletazos de una peste originada en China que en el siglo XIV desoló a Europa.

La peste que desoló a Europa

La gente huyó despavorida hacia los campos. En el
éxodo, los más humildes murieron de hambre y sed por las difíciles
circunstancias de la diáspora.

Las autoridades de la ciudad prohibieron las
reuniones, las asambleas públicas, los funerales y cerraron los teatros. A
pesar de no conocer los detalles del contagio, lucía razonable obligar a un
distanciamiento social, la cuarentena se impuso de manera intuitiva y el país
entero se preparó para el aislamiento.

Un tal Isaac Newton se refugió en la casa familiar donde había nacido 23 años antes, en Woolsthorpe, a un centenar de kilómetros
de Londres. El Trinity College, en Cambridge, donde estudiaba desde los 18
años, había cerrado sus puertas por la epidemia.

Libre de la presión de los horarios y obligaciones
universitarias, Newton reflexiona, hace experimentos, calcula, estudia, y
adelanta. Se mueve entre la óptica y la naturaleza de los colores, y entre las
leyes del movimiento y la gravedad. Su intuición le susurra que la fuerza que
hace que una manzana caiga es la misma que actúa sobre la luna y la mantiene
atada a nuestro planeta, y la misma que gobierna al sistema solar y tal vez al
universo. Pero carece de la herramienta matemática necesaria para corroborar su
intuición. Hay que elaborarla y supone hallar pendientes de curvas y el
lenguaje de lo que hoy conocemos como cálculo diferencial, y su alter ego, el cálculo integral. Desarrolla
la fórmula del binomio y da con un método para aproximar funciones como una
serie de potencias.

Cambridge abrió de nuevo sus puertas en 1667. De regreso,
en tres meses obtuvo su grado y a los 26 años era profesor y a los treinta era
el miembro más joven de la Royal Society. Era el comienzo de una carrera
fulgurante.

¿Fue Newton el gran científico que fue, gracias a la peste negra? ¿Le debemos los monumentales descubrimientos que realizó, a la cuarentena? ¿Pudo la pandemia ser el detonante de una serie de aportes fundamentales?

Nuestra respuesta definitiva es un rotundo no. El
aislamiento tal vez salvó a Newton de contarse como uno más de los más de cien
mil muertos por la peste. Pero el aislamiento no produce genialidad ni
dedicación. Newton siempre fue un obsesivo, pero un obsesivo extremadamente
talentoso y tuvo la habilidad de transformar la cuarentena en su annus mirabilis, su año milagroso en el
que delineó el programa que habría de desarrollar y pulir en los años
siguientes. Eran temas en los que había comenzado a pensar en 1664, el año
anterior a la peste. No fue el aislamiento sino al contrario, la profunda
conexión con la tradición intelectual y científica de occidente la que permitió
que emergieran sus contribuciones.

Desde sus comienzos universitarios, Newton estudió
a los grandes. Conoció geometría a partir de Euclides y estaba familiarizado
con los trabajos de René Descartes que ligaban a la geometría con el álgebra. Estudió
la Óptica de Kepler y obviamente conocía sus leyes sobre el movimiento
planetario. Recibió clases de su tocayo Isaac Barrow, en la cátedra Lucasiana,
que pronto impartiría el propio Newton, y luego y entre otros, Paul Dirac y
Stephen Hawkins. Estudió a profundidad el libro de John Wallis, Aritmética de los infinitesimales, que
fue crucial para el desarrollo del cálculo, otra de sus monumentales
contribuciones. Pero la invención (¿o el descubrimiento?) del cálculo estaba en
el ambiente; de hecho, fue descubierto (¿o inventado?) también en la misma
época por Leibnitz, lo que disparó una agria disputa por la autoría. Pero esas
disputas eran rutina tratándose de Newton.

La idea de una fuerza gravitacional que se debilitara
con el inverso del cuadrado de la distancia también estaba en el ambiente y no
era invención de Newton. Al fin y al cabo, la intensidad del sonido o el brillo
de una fuente luminosa también disminuyen con el cuadrado de la distancia. Una
dependencia así había sido propuesta por el matemático francés Ismael
Bullialdus 20 años antes de la peste, y de nuevo por Robert Hooke en los años
de la peste ante la Royal Society, y el propio Hooke, junto con Halley y Wren tenían
un gran interés por saber a qué trayectorias conduciría una fuerza así. Cuando
Halley le formuló esa pregunta a Newton, este le respondió que el resultado era
trayectorias elípticas…un asombrado, Halley replicó:

¿Y usted
cómo lo sabe?
 

-…porque lo
he calculado
, respondió con displicencia el gran físico y esa frase es
ahora cliché entre los físicos.

Newton poseía el arma para explorar las consecuencias de la ley del inverso del cuadrado de la distancia, y estas consecuencias se parecían a la realidad.

Sería injusto con el talento y la perseverancia
obsesiva de Newton sobrevalorar el rol de la pandemia en sus contribuciones a
la ciencia. Durante su período activo fue sin duda el más dotado de los
matemáticos de Europa, era un hábil experimentador y poseedor de una formidable
intuición física desde antes de la plaga, durante ella y después de ella, y por
eso

Newton supo legarnos sus épicos descubrimientos a
pesar de la peste.

De modo que en tiempos de corona-virus, mantenga el distanciamiento social como Newton, use hábilmente el tiempo como Newton, sea persistente como Newton, pero no obsesivo como Newton. Y será menos amargado que lo fue el gran hombre.

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En la musicalización de podcast se usó:

1. – Música para el funeral de La Reina Mary (1695)
– (Sentencias Funerarias), de Henry Purcell.

2. – Fantasía (1648) del compositor del barroco inglés
William Lawes.

6 pensamientos en “ISAAC NEWTON Y LA PANDEMIA

  1. Gilberto Medina Responder

    Querido Héctor, siempre apreciamos tus valiosas, interesantes, importantes y acertadas consideraciones que nos permiten conocer en un lenguaje sencillo y resumido las cosas y/o hechos de la actualidad, que nos invitan a la acusiocidad de un nuevo conocimiento. Saludo y gracias.

  2. Oswaldo Araujo Responder

    Excelente Héctor y, por casualidad, no hubo en esa época un Trumpo Bolsonaro que dijeran que era una gripecita y que con…. se curaba o dijera que era una gripe china para dominar el mundo; para colmo pasó la historia con el nombre de gripe española.
    Un abrazo y gracias, cuídate

  3. José Castro Responder

    Muy interesante . Gracias Héctor me encanta la historia de la Ciencia
    José Castro
    Los Angeles , CA

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