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FEYNMAN O EL PLACER DE DESCUBRIR

Hay científicos que no tienen el impacto publicitario de Darwin, Newton o Einstein, pero que por la originalidad de sus ideas, merecerían estar en el panteón de los grandes de todos los tiempos. A esta estirpe de científico pertenece Richard Feynman.
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Nacido en Nueva York en 1918, fue sin duda el físico más brillante de su generación. A sus escasos 24 años ya se desempeñaba como jefe de la sección de física teórica del Proyecto Manhattan, que desarrollaba la bomba atómica en Los Álamos, durante la 2 Guerra Mundial.

Irreverente e ingenioso, solía exasperar a los militares burlando los códigos de seguridad del servicio secreto.
Finalizada la guerra, en las universidades de Cornell y de California mostró sus dotes de profesor excepcional y conferencista inspirado. Feynman fue llamado el gran explicador. Tenía la virtud de hacer que lo dificultoso resultara sencillo. Generaciones de físicos se educaron con los tres tomos de sus Lecciones de Física. Original como pocos, mantenía que: «…si no lo puedo crear, no lo entiendo».
Hizo contribuciones en muchas áreas de la física, desde la gravitación, pasando por la física estadística, la materia condensada, física nuclear y sobre todo, la interacción entre la luz y los electrones. Sus aportes en esta área, técnicamente conocida como electrodinámica cuántica le hicieron merecedor del premio Nobel en 1965. Divulgador de lujo, escribió libros para el gran público, como «La extraña historia de la luz y la materia» o «El carácter de las leyes de la física».
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Supo vislumbrar lo que habría de ser la nanotecnología, es decir, la manipulación de objetos a pequeñísimas escalas, en una famosa conferencia en 1959 cuando se preguntó «por qué no podemos escribir la Enciclopedia Británica en la punta de un alfiler?»
Sus reflexiones acerca del futuro de las computadoras lo llevaron a ser uno de los visionarios de la computación cuántica.
Miembro de la comisión que investigó las razones del desastre del transbordador espacial Challenger en 1986, expuso brillantemente sus conclusiones que dejaron mal parada a la NASA.
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De carácter extrovertido y exuberante, aprendió a tocar bongó, desfiló en escuelas de samba en Brasil y la vida nocturna no le fue desconocida.
Toda una vida dedicada a la pasión de descubrir, al irrespeto por el dogma y a la aceptación de la ignorancia finalizó cuando el cáncer apareció por segunda vez; entonces dijo «morir dos veces es demasiado aburrido».
Richard Feynman murió en 1988.

Héctor Rago