EL TIEMPO, GRAN ESCULTOR

El tiempo es el único misterio esencial. Eso escribió Jorge Luis Borges. Para entender la naturaleza íntima de esa sustancia elusiva que nos devora y nos da vida, la humanidad ha inventado mitos y religiones, ciencias y poemas.

Es en el siglo XVII con Newton, cuando crea una noción de tiempo útil para la física. Newton habría de lograr para el tiempo, lo que los griegos habían hecho para el espacio con el desarrollo de la geometría. El tiempo entró en el terreno de la ciencia.
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La imagen del tiempo como una recta infinita en la que cada punto corresponde a un instante, le permitió a Newton concebir el cálculo diferencial, base de su teoría del movimiento. El tiempo, de acuerdo con la teoría newtoniana, fluye de la misma manera independientemente del movimiento de quien lo mida y por eso el tiempo newtoniano es absoluto; «desdeñoso del placer o del dolor, sólo transcurre», como dijera Octavio Paz.

Esta concepción del tiempo habría de ser profundamente alterada por Einstein al entender la velocidad de la luz como una constante universal insuperable. El tiempo en la relatividad depende del estado de movimiento de los observadores. El lapso entre dos eventos deja de ser absoluto para depender del observador.

En su teoría de la gravitación, la relatividad general, el flujo del tiempo depende de la gravedad, pudiendo incluso desaparecer en las singularidades asociadas con huecos negros tras el colapso de estrellas masivas, o aparecer en la singularidad asociada con el big-bang en el nacimiento del universo.
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Una característica de las leyes fundamentales que rigen el mundo físico es que son reversibles y no distinguen entre pasado y futuro. Por tanto si un proceso ocurre de determinada manera, el proceso invirtiendo el orden, también está permitido por las leyes básicas. Sin embargo, sabemos que la realidad nos impone una flecha irreversible del tiempo. No vemos que los pedazos de vidrios se reconstituyan y conformen el vaso que era antes de romperse, el tiempo todo lo va esculpiendo de una manera inexorable. La frase de Margarita Yourcenar es contundente: el tiempo es el gran escultor.
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Entender la existencia de una flecha del tiempo, es un reto para la física de los años por venir que sin duda influirán en nuestra concepción futura de la realidad. Tal vez el desarrollo mismo de nuevas ideas de la ciencia dependa de una nueva noción del tiempo, acaso porque el tiempo es el único misterio esencial. Al menos eso escribió Jorge Luis Borges.

Héctor Rago