SUPERNOVAS: EL ESTALLIDO DE UN ESTRELLA

En el año 1604 Kepler fue testigo de uno de los fenómenos más violentos del universo: una supernova, el estallido fulminante de una estrella que llega a su catastrófico final.

 

La supernova de Kepler produjo un brillo tan intenso que durante una semana podía verse de día. Luego su brillo declinó y durante dos años fue tan luminosa como Venus, y luego fue extinguiéndose. Fue la última supernova que ha sido vista en nuestra galaxia. Se calcula que en promedio, en cada galaxia estalla una supernova cada año.

 

Los astrofísicos han logrado descifrar razonablemente los mecanismos que disparan la explosión de una supernova.

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Una estrella es una factoría donde se fusionan núcleos de hidrógeno, para hacer elementos más pesados, helio, litio, bario, silicio, carbono… Las estrellas pasan la mayor parte de su existencia en un balance entre la fuerza de gravedad que tiende a colapsar la estrella, y la presión de la radiación producto de las reacciones nucleares en su interior. El brillo es consecuencia de estas reacciones nucleares.

Cuando se agota el combustible nuclear, la parte central de la estrella colapsa se compacta y su temperatura se eleva a cientos de miles de millones de grados. Las capas externas caen sobre el núcleo compacto a velocidades cercana a la de la luz y en fracciones de segundo la estrella estalla. Se ha transformado en una supernova. Su brillo es tan formidable que puede llegar a ser tan grande como el de la galaxia entera.

 

En esa breve erupción se crean los elementos más pesados que el hierro: níquel, oro, platino, plomo, mercurio…y la explosión dispersa a enormes velocidades los elementos cocinados en su interior, al medio interestelar.

 

En un hermoso proceso de ecología cósmica, la onda de choque del estallido, propicia la aparición de nuevas estrellas y nuevos planetas a partir del material interestelar, que ahora contienen elementos como carbono, calcio, hierro, nitrógeno, hierro…los átomos que nos conforman. Los átomos de la vida.

 

Las supernovas nos hablan del universo: estudiando su luz sabemos que el universo se expande a un ritmo cada vez mayor, en contra de lo que se pensaba hasta hace poco.
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Pero también nos habla de nosotros mismos: Somos polvo de estrellas… o desecho nuclear. Cada átomo de carbono de tu ADN, cada átomo de calcio de tus huesos fue fraguado en el centro de una estrella hace miles de millones de años y expulsado al espacio al convertirse en supernova: el último suspiro de la estrella.

Héctor Rago